Descubrir el Sahara

ENTRE EL DESIERTO Y EL PALMAR

A las puertas del desierto, el Túnez meridional está envuelto de tierras ocres y arenas doradas de las que surgen pueblos fortificados y colgados de las laderas montañosas, magníficos en su esplendor pasado.

Más allá de la inmensidad desoladora del Chott el Jerid, el Sahara se convierte en el rey, dejando de vez en cuando brotar la vida en oasis especialmente acogedores.

Un océano de dunas de tonos rosados y anaranjados se extiende hasta que se pierde la vista en el horizonte, donde se hunde lentamente un enorme sol rojizo. Allí, en la ondulación de las olas arenosas de sombras crecientes, casi como sombras chinescas, la silueta de una caravana de dromedarios revela la única presencia de vida en este universo mineral.

Inmóvil, como si estuviera paralizado a la espera del crepúsculo, el desierto parece querer tirar lentamente del cielo.

En la suavidad de la última hora de la tarde, el perfume de las flores del oasis de Ksar Ghilane se atreve por fin a alzarse en un aire repentinamente más ligero, sin temor a que el abrumador calor diurno le corte el vuelo.

Con cierto respeto por ese instante, los hombres, silenciosos y contemplativos, parecen rendir homenaje al sol que desaparece, emocionados ante la pureza del espectáculo que se les ofrece.

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Chott el Jerid

En los tiempos antiguos, algunas fuentes supieron convertirse en ríos, ayudadas por los accidentes geológicos y climáticos de la región.

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Ksar Ghilane

Fácilmente localizable por la agitación que reina en pleno día en torno a su pila esmeralda, la fuente de Ksar Ghilane solo deja oír un escaso murmullo.

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Matmata

La región de Tataouine es conocida por esta característica arquitectónica de formas redondeadas del color arena. 

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Tozeur

A las puertas del desierto, Tozeur es el verdadero inicio de otro viaje a Túnez.

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El Lagarto Rojo

Este antiguo tren de madera fabricado en Francia, que servía antes al bey de Túnez, ofrece una de las excursiones clásicas para descubrir las montañas del norte de Tozeur.