Sfax

CIUDAD DE TRADICIONES

En el linde de las regiones del sur, pero abierta sobre el mar, Sfax es una ciudad antigua que se ha convertido en la época moderna en la segunda ciudad de Túnez por población e importancia económica. Apartada de los grandes centros turísticos, además de conservar una espléndida medina rodeada de murallas, posee una autenticidad que le aporta un atractivo particular.

En frente, como un espejo, un archipiélago muy cercano al que se accede mediante transbordador ofrece sus playas de ensueño y su ambiente de lugar paradisíaco: las islas de Kerkena.

Alojarse en Sfax

Cerca del Gran Sur tunecino, en el centro de una región ya adusta y austera, Sfax está rodeada de inmensos olivares perfectamente ordenados a los que debe su rango de capital tunecina del aceite de oliva…

Es también una gran ciudad portuaria, industrial y comercial. Una ciudad de contrastes, próspera y activa, al mismo tiempo que permanece profundamente afianzada en la tradición. Varios hoteles de excelente confort permiten alojarse en Sfax y descubrir sus múltiples facetas.

Su centro luce cierto caché: plazoletas y galerías cubiertas están rodeadas de edificios originales de estilo arabizante, cuyas almenas y torres en forma de minarete se inspiran en la arquitectura islámica antigua.

Sobre todo, hay que visitar detenidamente la medina perfectamente conservada y llena de vida, que se cuenta entre las más notables de Túnez.

A través de la medina

Las murallas almenadas y de color apergaminado, que contrastan con el centro moderno, están reforzadas por una serie de bastiones y torres: la medina de Sfax ofrece una imagen imponente. Su aspecto de otro tiempo incita a adentrarse en ella.

Inmediatamente después de cruzar la puerta monumental Bab Diwan, se accede a un universo desconcertante y lleno de animación: zocos de las especias, de los perfumes, de los joyeros, de los herreros…

El barrio comercial mantiene la marca de los antiguos modos de vida. En su centro se eleva la gran mezquita, construida en el siglo IX y modificada en distintas épocas, que posee un minarete notable adornado con motivos esculpidos.

Lejos de que la vida moderna la arrincone como ocurre con algunos viejos barrios de algunas ciudades, esta medina tiene unos zocos muy activos, donde trabaja una población variopinta. A lo largo de la muralla, de 2 km de longitud, los fortines pueden ofrecer altos agradables: el Borj el Rasas y su café moro Diwan, donde nos detendremos a beber a sorbitos un té a la menta, y el Borj Ennar, cuya terraza ofrece una vista sobrecogedora de los viejos barrios y la ciudad moderna.

También pararemos delante del curioso minarete Sidi Amar Kammoun y visitaremos la "kasbah", que alberga un pequeño museo de la arquitectura de Túnez.

Sfax, ciudad de tradiciones

A pesar de haber adquirido el tamaño de una metrópolis económica importante, Sfax ha mantenido un gran apego por su patrimonio y sus tradiciones. Prueba de eso es su medina, poco influida por la actividad turística, que sigue manteniendo un ambiente de lo más auténtico.

Muy volcados con las artes tradicionales  ―como la música― los habitantes de Sfax también son conocidos por su cocina. Sus recetas de pescado y su repostería oriental hacen las delicias de los paladares más exigentes.

En Sfax existe un bonito Museo de las Artes y Tradiciones Populares, ubicado en una bella mansión de la medina: Dar Jellouli. Un ejemplo encantador de arquitectura tradicional  ―un patio coronado por una galería de madera torneada, artesonado de loza, techos artesonados de madera policromada…― que alberga una colección de objetos antiguos (trajes, joyas, pinturas sobre cristal…).

Las islas de Kerkena

A menos de una hora de Sfax y con su encanto un poco austero, el archipiélago de Kerkena tiene la belleza cautivadora de las islas perdidas. Con sus dos islas principales, Gharbi y Chergui, bajas y cubiertas de palmeras, Kerkena ofrece paisajes de ensueño. Es también un universo con una personalidad apasionante y con unas tradiciones originales, reflejo de una larga historia y de múltiples intercambios con otras regiones mediterráneas.

La pesca sigue utilizando métodos ancestrales: en las aguas poco profundas, se arponean las esponjas con la ayuda de un tridente, se recogen los peces atrapados en trampas fijas o se capturan los pulpos con ayuda de vasijas huecas donde van a acurrucarse.

En Kerkennah también encontramos testimonios de un pasado lejano. La vieja fortaleza de Borj el Hissar recuerda que los españoles, los venecianos y los turcos codiciaron la isla anteriormente. A sus pies yacen los restos de una ciudad antigua; dan fe de la antiquísima historia de estas islas, que conocieron a un huésped ilustre: el general cartaginés Aníbal hizo escala allí camino de su exilio a Oriente…

Vacaciones en Kerkena

El mar de turquesa se irisa con mil matices al ponerse el sol, los centenares de palmeras se agitan suavemente con la brisa marina, las pistas arenosas zigzaguean entre las aldeas para morir en el umbral de largas playas desiertas… Alojarse en Kerkena es, sobre todo, aprovechar su excepcional atmósfera de serenidad y la belleza sencilla y acaparadora de sus paisajes naturales.

Una serenidad de la que puede gozarse en un paseo a lo largo de la costa a bordo de un "loud", una barca tradicional con fondo plano y vela triangular, que se desliza suavemente sobre un mar de aceite… Kerkena cuenta con pocos hoteles: por eso se puede gozar con toda la tranquilidad de los placeres a orillas del mar.

El archipiélago posee también una particularidad rara en el Mediterráneo: la marea baja deja al descubierto una amplia superficie de arena, para mayor felicidad de los coleccionistas de conchas.

El Jem

A menos de una hora de coche desde Sfax, esta pequeña ciudad es famosa por su coliseo, el más grande del mundo después de los de Roma y Capua, construido por el emperador Gordiano hacia el 230 d. C.; un monumento muy impresionante al que se añade un museo rico en mosaicos romanos.