Sidi Bou Saïd

LA PUERTA DEL GRAN SUR

Es una admirable atalaya desde donde puede contemplarse, sin llegar a cansarse, una de las bahías más bonitas del mundo. Sidi Bou Saïd es sobre todo un lugar particular, una determinada indiferencia que encantó, hechizó y subyugó a escritores, pintores y músicos del mundo entero.

 Un ritmo exterior lento, señal de una vida interior más intensa. Antes de visitar Sidi Bou Saïd, un gran centro de la espiritualidad, es necesario dejarse impregnar por el clima de fervor que se respira aquí. Sidi Bou Saïd es sobre todo un promontorio en cuya extremidad Cartago instaló un puerto. En el momento de la conquista árabe, se eligió este lugar para edificar un "ribat", un monasterio fortificado.

Sobre sus vestigios se construyó el faro actual, de donde proviene su nombre Djebel Manar (la montaña del faro). Al principio del siglo XIII, se instaló en cabo Cartago un místico llamado Sidi Bou Saïd, quien, una vez muerto, se convertiría en el santo patrón del pueblo. Su nombre no será adoptado por el pueblo hasta el siglo XIX. A partir del siglo XVIII, Djebel Manar se convierte en el lugar de veraneo preferido de los notables.

En 1912, el barón Rodolphe d'Erlanger establece allí su lugar de residencia y emprende su acción para proteger el pueblo. En 1915, se promulga un decreto de protección del lugar. Esa es la razón por la que el pueblo pudo conservar intacto su sello tradicional. Las callejuelas sinuosas están adoquinadas, las fachadas blancas son inmaculadas, las ventanas están cubiertas con celosías moriscas y las puertas lucen adornadas con motivos hechos con clavos.

Se intuyen los jardines secretos y los patios sombríos que se vislumbran gracias a una puerta que se abre. Desde el Café des Nattes, puede seguirse el vaivén de los paseantes. Al principio esta era la entrada monumental de la escalinata de la mezquita construida a ambos lados, a principios del siglo XVIII.

Más lejos, en la ladera, está el Café Sidi Chabaâne, desde el que se tiene una vista magnífica sobre la espléndida bahía de Túnez y la doble cima del Djebel Boukornine, al otro lado. El establecimiento se construyó en torno a la "zaouia" del místico, músico y poeta que le da nombre. Encontramos allí varias galerías de arte y numerosas tiendas que venden antigüedades y productos de artesanía como tejidos, marroquinería y objetos de plata.

Aquí pueden escucharse conciertos de música tradicional tunecina, el famoso "maluf", de origen andaluz enriquecido con influencias locales. El famoso y precioso palacio d'Erlanger, En Nejma ez Zahra, adquirido por el Estado tunecino, se convirtió en un museo y un espacio para desarrollar manifestaciones artísticas refinadas, tanto tunecinas como extranjeras. Es el Centro de las Músicas Árabes y Mediterráneas. Conserva su suntuoso mobiliario y sus ricas colecciones de manuscritos, cuadros, alfombras… Es el museo de los instrumentos de música tunecinos.

Al pie del alto acantilado de color ocre rojizo, se encuentra el puerto deportivo de Sidi Bou Saïd, con bares, restaurantes y hoteles.

En los alrededores, Gammarth es una zona turística de alto standing, La Marsa, una ciudad balnearia que cuenta con una amplia playa de arena blanca. En esta ciudad se encuentra el famoso Café Safsaf, instalado alrededor de un antiguo pozo público de donde todavía se extrae el agua por medio de un noria impulsada por un camello que da vueltas incansablemente.